Hoy Martes, nuestro insigne periodista, publica un articulo tan enrevesado como siempre. A modo de metáfora con la gastronomía, habla de la clase politica leonesa, en visperas de las elecciones generales. Que lo disfruten.
Ya tenía preparados mis menús políticos para el otoño, y me da la impresión que me chafaron la carta. Todo precocinado.Pretendía ser un menú curioso, de degustación, fácil de digerir, nada pesado. Dejaría los besugos a un lado, las cazuelas individuales y los asados. Mucha tortilla paisana, con propuestas sencillas de andar por casa, poco picante y ensaladas vegetarianas.
Estofados pocos. Fuera mensajes al pilpil y muchos programas a la moderna. Nada de revueltos, salsas o guarniciones. Propuestas a la plancha, para nada los mensajes empanados, que acostumbran a engañar una vez que salen de la cocina del partido.
Aprovechando los restos de anteriores elecciones, me salen platos tradicionales, que en absoluto sorprenden, aunque resulten pesados.
Había soñado con renovar mi propuesta culinaria y sin embargo me dan más de lo mismo: moranos al horno, aunque con el contrapunto de los riescos al estilo berciano.
Lo popular es lo tradicional, sin grandes propuestas, todo muy pensado. Ojo con atreverse a experimentar nada o a buscar placeres novedosos y subliminales.
Al fin y a la postre, si de lo que se trata es de cocinar listas y platos políticos, más allá de nuevas técnicas, lo fácil es aprovechar los conocimientos del cocinero para no levantar dolores de estómago. Ni siquiera buscar mínimas satisfacciones. En la cocina política de determinados partidos sólo sirven propuestas triviales. Ni siquiera experimentar con el vino. Un bierzo o un prieto picudo. Ni riojas, ni riberas... (ya ven en el PSOE un fariña de Toro, mejor que un saavedra, o un blanco pepiño).
Sorpresas las mínimas, si acaso para derribar algunos mitos. Por ejemplo un plato que podría tener su aquel sería otero guisado con envoltinis merengados a la carrasco. ¿La receta? Se busca un otero, a poder ser con cierto toque leonesista venido a menos; se le macera con unas cuantas especias regionales, se le dan cuatro o cinco vueltas por la sartén aprovechando el caldo que ha dejado el pacto del Ayuntamiento, y cuando ya está pasado (que lo está) se le agrega un cierto toque de futuro político que ahora mismo tiene adulterado. Echándole huevos, el plato puede resultar para acompañar un buen morano.
Copiando la receta socialista, que ha sabido cocinar con exquisitez el chamorro dos salsas, y captando con habilidad culinaria el sabor leonesista y el interés del partido.
Huevos a la vizcaína, caldo con tropezones. bolas de queso, romanones, medias noches, petitsus rellenos... Pichones... Macarrones, ñokis y tallarines. Arroz al trote. Cardos, coles y puerros gratinados. Pollo, repollo y huevos escalfados. Besugos, chicharros, gallos y lenguados. Mujol, pajel, panchos, platijas o sollos.
Salmonetes y sardinas al horno. Percebes y ostras, pedrín. Cachopos y sanjacobos.
De postre, compota con orejones. Peñasanta y café flameado. Del precio... ya hablamos.