Aterrizo y me topo con que el único que parece estar activo es Pardo. Los demás todavía siguen a la caza del topillo. Abel ha encontrado la fórmula de la leoncola y pretende hacer de ello, para la nueva etapa política, un asunto prioritario.Ya tiene dispuesto su plan de ataque y preparado su equipo. Raquel, Héctor, Xuanxetino y… ¡Xuasús! Como un buen estornudo. Poco a poco. «Sin imposiciones, libre y gratuito».
Pardo sigue avanzando en su identidad leonesa y de paso coloca a los que le han servido. Una nueva vuelta de tuerca.
Con la experiencia del país vasco, catalunha o del beenegá galego, la cosa de la identidad se debe alimentar en las escolas. Pues a ello vamos: a que el leonés, eso sí de forma voluntaria de momento, se traslade a las aulas de Primaria y Secundaria.
Al PSOE –a los gobernantes políticos en general– le gusta que se busquen asuntos diferentes que tapen la realidad de la ciudadanía. También ellos colocan su educación. Primero sin imposiciones, luego por decreto.
En Galicia las cosas han cambiado mucho desde que Juanpardo –otro pardo– buscaba a Anduriña y ahora a los neños los llevan a las galescolas. Hoy mismo empieza a funcionar esta red de guarderías públicas, donde el beenegá pretende que todo el material didáctico sea utilizado sólo y exclusivamente en galego. Y el PSOE se queda tan anxo. Qué digo, se queda quintana.
Mientras, el Gobierno regional castellano y ¿lliunés? le pasa el marrón a Pascuala.
Total: hasta que Isa Carrasco no le pida a Gbayón cursos especiales para hacer las ruedas de prensa en lliunés, todo seguirá por la senda de los ensayos.
Lo bueno de todo esto, de la nuesa llingua y de llevarlo a las leoncolas, es que, aseguran, estamos de acuerdo los padres. Hala, te lo dicen como si estuviéramos anestesiados.
Y yo, que ejerzo de padre por triplicado, con los nenus en plan escolar, marcado por la educación ciudadana que me quiere imponer –nada de voluntario, por cojones–, sin enterarme.
He preguntado a la peña, a la que va llegando de vacaciones, y me dicen que les deje de inventos que ya tienen demasiado con retirar los libros de texto, que de forma educada y ciudadana siguen costando un güevo.
Se lo juro, no he encontrado ni uno que sienta interés por el proyecto. Eso sí, más de uno viene de recibir a sus niños de Irlanda, por aquello de que su churumbel tiene que llevar la lengua de Shakespeare marcada a fuego hasta en el babero.
En Asturias, una de Roces –que es a Gijón como Puente Castro, pero expansivo–, me dice que conoció a Xuan Xoxé Sánchez Vicente, dándole clase de literatura. El líder del Pas asturiano obligaba a leer y traducir los textos al bable e incluso hacía los exámenes en asturiano. El dolor de los alumnos en el instituto se tradujo a los padres. Todavía los que lo padecieron echan pestes, cagüen mi madre.